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De principitos
y zorros
De principitos y zorros
Sobre mi
Soy Marcos. Estudié filosofía y, desde hace algunos años, disfruto mucho de leer libros y conversarlos con otros.
El Principito me encontró en un momento en el que estaba aprendiendo a leer más profundamente, a descubrir sentido en libros, películas y hasta en las experiencias cotidianas. Me encantaba hacer ese ejercicio: encontrar un mensaje y dejar que me hable.
Pero cuando me topé con El Principito, fue como encontrar todo eso… intensificado. Un libro pequeño, pero denso en sentido, que me tocaba directamente.
Me encontré con algo potentísimo: un estilo de vida distinto, una forma de ver el mundo que vale la pena compartir. Por eso nació este taller: para abrir la mirada.
No me considero un experto en Saint-Exupéry, ni siquiera en El Principito. Solo busco acompañar a otros a leer más profundamente, a captar sentido, y a disfrutar juntos de la profundidad del misterio que nos rodea.
Sobre el taller
¿De qué se trata?
Nos reunimos una vez por semana, durante una hora y media, para leer El Principito en voz alta, conversar y tratar de entender qué dice el texto… y qué nos dice a nosotros.
La dinámica es sencilla: leemos un capítulo, abrimos la conversación y nos dejamos guiar por lo que el libro despierta. Sin apuro, sin respuestas cerradas, buscando ir cada vez más al fondo.
A lo largo de los 12 encuentros recorremos el libro completo, paso a paso.
¿Por qué tomarnos tanto tiempo con un libro tan corto?
Primero, porque cada capítulo merece ser detenido y saboreado: tiene valor en sí mismo.
Pero también porque este tiempo nos permite afinar la mirada y aprender a leer más profundamente.
Y aunque cueste creerlo, muchas veces nos quedamos cortos y necesitamos encuentros extra para terminarlo.
El taller completo dura tres meses. Pero también ofrecemos otras experiencias más breves: charlas temáticas, cursos introductorios o talleres cortos, pensados para quienes quieren empezar a asomarse a este modo de leer y vivir.
Este espacio busca despertar la mirada.
Misión
“De Principitos y Zorros” brinda talleres a buscadores, en una cultura humana y profunda, ayudándolos a sentirse plenos y a descubrir el sentido de la realidad.
Soñamos con que este camino no se agote en unos pocos encuentros, sino que despierte en muchos el deseo de compartirlo con otros. Que se forme una red viva de personas que, tocadas por el mensaje de El Principito, lo difundan, lo recreen, lo hagan tradición.
Queremos que este taller sea el punto de partida para una comunidad de buscadores de sentido, donde nos animemos a caminar juntos la sed del corazón. Caminando con cada vez más sentido, desde nuestra propia naturaleza, y en creciente plenitud.
Y, en lo más profundo, anhelamos que esa búsqueda nos conduzca a la Fuente misma del sentido: Jesús, que da unidad, plenitud y vida a todo. Que sea Él quien sacie nuestro caminar, y en quien descubramos la respuesta concreta a nuestros anhelos más hondos de vida.
Preguntas frecuentes
El Principito es la historia de la transmisión de una tradición viva, de un conocimiento profundo que la humanidad ha olvidado, pero no de cualquier manera, sino a través de una amistad.
El principito, en su búsqueda de respuestas al problema con su rosa, y más aún, al dilema de cómo romper su soledad, emprende un viaje en busca de una respuesta que lo lleve más allá de lo que las palabras pueden expresar. Para poder entender lo que realmente necesitaba, tuvo que caminar, crecer, y finalmente encontrar un amigo que lo instruyera y le diera una ocupación.
Es en ese momento, cuando el principito está listo para recibirlo, que aparece un zorro. Este zorro, a través de su amistad y sus enseñanzas, le muestra el corazón de los hombres, recordándole algo que la humanidad había olvidado: “domesticar”. El verdadero secreto para romper la soledad no es solo un dato de información, sino una forma de ver y amar, que termina siendo un estilo de vida.
Así, el principito sigue su camino y se encuentra con el aviador, quien también atraviesa su propia soledad. Es el principito quien le transmite esta nueva forma de mirar y amar el mundo, con la mirada de un niño. Y es entonces cuando el aviador, transformado por este encuentro, nos transmite a nosotros este conocimiento a través del libro.
Con este taller, pretendemos ser una tradición viva de ese fuego que El Principito busca transmitir. Queremos ser otros principitos y zorros, continuar la cadena de transmisión de este mensaje profundo, entre generaciones, y seguir enseñando a ver el mundo a través de la mirada amorosa y llena de sentido.
“Solo se conocen bien las cosas que se domestican. Los hombres ya no tienen tiempo de conocer nada. Lo compran todo hecho en las tiendas.” El Principito cap. XXI
Vivimos a un ritmo acelerado, más rápido de lo que muchas veces es bueno para nuestra naturaleza. Estamos acostumbrados a consumir todo de forma instantánea, sin entregarnos al tiempo que los verdaderos procesos requieren. Pero si de verdad queremos conocer algo —como dice el Zorro—, tenemos que domesticarlo.
Domesticar implica tiempo. Implica estar presente, abrirse, entregarse al ritmo natural de las cosas. Y esto vale también para los libros, especialmente para un libro como El Principito, que no es solo una historia para leer, sino una experiencia para atravesar.
Por eso en este taller leemos el libro completo, capítulo por capítulo. Porque creemos que es la forma más fiel de recibir lo que el libro quiere enseñarnos. Nos tomamos el tiempo que hace falta para dejar que el mensaje nos transforme: para cambiar nuestra forma de mirar, amar y tomar decisiones.
Además, leer juntos es una de las mejores formas de aprender a leer más profundamente. Para muchos, este taller es una puerta de entrada a una lectura más simbólica y viva. Una lectura que no termina en el papel, sino que se extiende a la forma en que miramos la vida.
Aunque no es un libro nuevo, El Principito sigue siendo profundamente actual. Las críticas que hace al mundo moderno no han perdido vigencia: el apuro, la eficiencia vacía, el control, la pérdida del sentido. Sus mensajes siguen hablándonos con una claridad que atraviesa el tiempo.
El Principito nos pone frente a una elección fundamental: vivir desde el miedo —intentando controlar cada variable de la vida— o vivir desde la confianza, reconociendo que la vida es un don, un regalo, y que está inserta en un misterio más grande que nosotros mismos.
De esta conciencia nace la espiritualidad que propone el libro: la del niño confiado. Es, de algún modo, el reverso humano de ese llamado evangélico a “hacerse como niños”. Si queremos comprender, desde nuestra propia experiencia humana, lo que eso significa, El Principito puede ser una guía.
En primer lugar porque está buenísimo. Vale en sí mismo. Pero también podemos pensar que el Principito propone un verdadero camino de conversión interior, y ese camino se vuelve mucho más rico cuando se recorre acompañado. Por eso lo ideal es hacerlo con personas cercanas: amigos, familiares, parejas. Está muy bueno cuando alguien propone su propio grupo para hacer el taller, porque compartir esta experiencia con seres queridos puede ser profundamente transformador.
Uno de los grandes mensajes del libro, además, es cómo romper la soledad a través de vínculos verdaderos. Por eso, hacerlo acompañado es lo más coherente con el espíritu del libro.
Ha habido talleres con personas de edades muy distintas —desde los 17 hasta los 60 años— y la experiencia fue riquísima. Los adultos querían escuchar lo que los jóvenes tenían para decir, y los más chicos recibían las palabras de los grandes con asombro y como algo valioso por la vida vivida. Ese intercambio generacional, lejos de ser un obstáculo, abrió nuevos sentidos para todos.
Además, en cada encuentro se da algo muy especial en la conversación. Escuchar lo que cada uno ve, lo que cada uno siente, pensar juntos… todo eso enriquece la lectura de una manera que sería imposible alcanzar solos. Y después, cuando termina el encuentro, queda resonando algo que se sigue compartiendo, que desata charlas, preguntas, risas, confidencias. Leer El Principito en grupo es, de algún modo, aprender a mirar juntos y a vincularnos mejor.